lunes, 23 de enero de 2012

Me quejo de la gente que se queja

Porque yo lo valgo.

Y eso que, como demuestro con el título, soy lo más quejica que se levanta por las mañanas. 

Pero suelo intentar, o bien quejarme poco, o hacerlo de lo que tiene arreglo... y si además puedo sugerir algo para ese arreglo, pues completo. No cumplo siempre con estas buenas intenciones, pero sí las tengo presentes, para ponerlas en práctica cuando puedo.

Pero es hay quien... se queja porque no le viene la regla; porque le viene; porque le ha venido a su novia y a él no; porque no le ha venido a la novia de su primo; porque es lunes; porque es martes; porque es miércoles; porque es jueves; porque es viernes, pero sólo hay 48 horas de fin de semana (y qué más te da, si no tienes plan, so gilí); porque tiene trabajo; porque no lo tiene; porque ha ido al cine y no le ha gustado la película; porque ha ido al cine y le ha gustado la película, pero ha perdido tiempo de estudiar; porque se ha matriculado (voluntariamente) en un curso que aborrece y está amargadito; porque no aguanta a su marido; porque ese marido al que no aguanta les ha dejado... ¡¡QUE ALGUIEN LES APRIETE MUCHO LOS ZAPATOS, POR FAVORRRRRRR!!



Todos tenemos rachas más o menos quejosas, y es genial que haya quien esté a nuestro lado para ayudarnos a levantar el ánimo y tirar adelante... pero hay quien convierte esas rachas en eternas, quizá porque les mola ese casito, ese calorcito que da el apoyo de la gente... Y, francamente, creo que si se aprecia a alguien que tiene una mala racha, hay que estar a su lado hasta que se levante... si se le ve que se quiere levantar... si no, si ves que se acomoda, no le haces ningún favor eternizando ese "apoyo" (mal entendido, según mi punto de vista)... pero es que tampoco te lo haces a ti... porque ese espíritu es contagioso... estar al lado de una persona que, permanentemente, se queja y llora, si no te hunde te encabrona. Y si no, es que eres de hierro y quiero que me des un cursillo de cómo llegar a serlo.

En general, son personas con poca solidaridad: a casi cualquiera nos vale con levantar la mirada de nuestro ombligo para ver la cantidad de cosas por las que tenemos que estar agradecidos... Salud, dinero, amor... amigos, cultura, educación, optimismo, belleza... Y lo mal que está muchísima gente a nuestro alrededor... pero quien sigue con la cabeza gacha lloriqueando y recibiendo palmaditas en la espalda jamás verá eso... en muchos casos porque no les viene bien verlo...

No hablo de nadie en concreto (cuidadín con las susceptibilidades...), simplemente hemos tenido a la vista algunos casos últimamente, y ha salido la conversación... y como se suele decir... problemas de verdad les daba a estas personas... Porque, insisto, rachas más depres, más pesimistas... las tenemos todos... Pero si se convierten en vicio... es que no hay quien lo aguante... 
...Aunque bien mirado, les puede venir hasta bien que no haya quien lo aguante... así puede llorar también por lo solit@ que se ha quedado...

Incluyo aquí, a modo ilustrativo y repelente a la par, un poema de Vital Aza que viene al caso. Me fascinó cuando lo leí (tenía encima, por cierto, una depresión -clínica, no de dejar el novio- del copón... creo que me hizo reaccionar un poquito):

Cuando de niño empecé
a darme a la poesía,
tan en serio lo tomé,
que sólo en serio escribía.


Romántico exagerado,
era lo triste mi fuerte.
¡Válgame Dios!, ¡le he soltado
cada soneto, a la Muerte!


La fatalidad, el Sino,
el hado, la parca fiera,
el arroyo cristalino
y la tórtola parlera...


Todo junto le servía
a mi necia inspiración
para hacer una elegía
que partía el corazón.


No hubo desgracia ni duelo
que en verso no describiera...
¡Si estaba pidiendo al cielo
que la gente se muriera!


¿Que airado el mar se tragaba
la barca de un pescador?
Pues yo en mi lira lanzaba
los lamentos de rigor.


¿Que un amigo se moría,
viejo, joven, listo o zafio?
Pues, ¡zas!, al siguiente día
publicaba su epitafio.


¿Que una madre acongojada
gemía en llanto deshecha?
¿Que por una granizada
se perdía la cosecha?


Pues yo enjugaba aquel llanto
en versos de arte mayor,
y maldecía en un Canto
al granizo destructor.


Escéptico y pesimista,
¡me hacía unas reflexiones!...
Sirva de ejemplo esta lista
de varias composiciones:


Ludibrio, Dios iracundo,
Profanación y adulterio.
Los desengaños del mundo,
El ciprés del cementerio.

Pues, ¿y una composición
en que imitando a otros vates,
con la mejor intención
decía estos disparates?:


«¡Ay! El mundo en su falsía
aumentará mi delito,
vertiendo en el alma mía
la duda de lo infinito.»


«Triste, errante y moribundo,
sigo el ignoto sendero,
sin encontrar en el mundo
un amigo verdadero.»


«¡Todo es falsedad, mentira!
¡En vano busco la calma!
¡Son las cuerdas de mi lira
sensibles fibras del alma!»


«¡El mundo, en su loco anhelo
me empuja hacia el hondo abismo!
¡Dudo de Dios y del cielo,
y hasta dudo de mí mismo!»


«¡Esta existencia me hastía!
¡Nada en el mundo es verdad!»
...................................................

¡Y todo esto lo decía
a los quince años de edad!


Francamente, yo no sé
cómo algún lector sensato
no me pegó un puntapié
por necio y por mentecato.


Por fortuna, ya no siento
aquellas melancolías,
ni doy a nadie tormento
con vanas filosofías.


Ya no me meto en honduras,
ni hablo de llantos y penas,
ni canto mis amarguras
ni las desdichas ajenas.


He cambiado de tal modo,
que soy otro diferente;
pues hoy me río de todo,
¡y me va perfectamente! 

martes, 17 de enero de 2012

Las brujas de Salem

Absolutamente obligatoria lectura que he tardado en coger... Pero, ahora que ya lo he hecho, he disfrutado como una loca.

La incultura no siempre es un inconveniente: yo no conocía el final de esta mítica historia, y eso me ha permitido que la lectura me afectara de forma bastante enfática.

Pese a ser obra de teatro, ante las presentaciones de algunos personajes el autor hace algunos incisos para explicar su situación en la trama, poner en antecedentes al lector (supongo que a la hora de representar serán cosas que se darán por sabidas, o se explicarán en el panfleto, no sé). 

El guión cinematográfico no lo he leído: voy a esperar a ver la película (no tardaré, espero) para hacerlo.

Desde luego, la descripción de la bajeza humana a la hora de la venganza, o de justificar fanatismos injustificables, es inmejorable. 

viernes, 13 de enero de 2012

El fabricante de sueños

Siempre me ha gustado la literatura infantil-juvenil, algunos de esos libros te transportan en el tiempo y te hacen sentir las cosas como cuando eras pequeño... y eso es magia.

Este libro, cuyo argumento seguramente tenga algún primo-hermano que no conozco en la ciencia-ficción, es uno de esos: a través de una carta, Mariví le cuenta a su amiga Lupe sus sueños "inducidos", y son historias locas pero bien estructuradas, incluso alguno simplifica algunas teorías místicas de las que te hablan de mayor (por ejemplo, el primero). El orden de estos sueños es, además, evolutivo: comienza con un nacimiento y termina con un reencuentro, o un resumen... 

La lectura es, evidentemente, ligera, pero muy placentera. Siempre que he leído algo de Torcuato Luca de Tena me ha sido fácil deslizarme por el texto, escribe tan bien que pasa desapercibido que la historia está escrita. 

Si alguien tiene que hacer un regalo a algún niño, éste (y, por supuesto, el "Libro de la fantasía", de Gianni Rodari) son buenas elecciones.

martes, 10 de enero de 2012

El cocinero del dux

Vuelvo a la carga tras el súper parón navideño. 


Éste ha sido uno de los últimos libros que he leído, y aunque la lectura me ha durado más de lo habitual (últimamente no he podido parar ni para leer tranquilamente), la he disfrutado. No especialmente por su calidad literaria, que algo tiene pero no a raudales, sino más bien por su argumento: aventuras en la Venecia del siglo XV, entre las que la autora suelta algunas ideas que son auténticas perlas, amparadas por un contexto que puede ser real o no (no lo sé), pero desde luego es verosímil (para una paletilla tirando a jamona como yo, al menos). Sigue la tónica de los tan de moda últimamente masones y primos hermanos, pero sin centrar en ellos demasiado la atención: más bien se siguen las peripecias de un chaval de la calle, que descubre el amor, los palacios, técnicas culinarias y, sí, algo de iniciación en estas historias, pero sin abusar del argumento, y creo que eso es lo que más me ha gustado.
Algunas descripciones me han parecido maravillosas, y especialmente por ellas lo recomiendo.
Es un libro insustancial, pero con algún taquito de jamón por ahí...